De puntillas sobre una caja de madera, Nestor, mira a través del escaparate.
Tampoco hoy hay suerte; el pequeño tren de juguete baila por los carriles lucien
do, como hace tanto tiempo, el banderín rojo.A lo lejos, en la estación, el expreso lanza al aire el esperado silbato.
El niño, con el corazón encogido y la nariz pegada al cristal, mira a Matias que, con una sonrisa y lágrimas en los ojos, cambia el rojo por el azul.
Por fin ha llegado el día.
Los soldados regresan a casa.