Con ojos ansiosos mira
la puerta que ninguna mano abre, su piel solo acariciada por la pequeña gata, tiembla en la desesperanza y el aire inmóvil reseca su garganta por donde escapa un suspiro que hiela su corazón.Sentimientos de desamparo pueblan su alma y la nada enmudecida le envuelve.
Solo el tic-tac del reloj, perpetuo compañero, suena imparable rompiendo el silencio.
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