El Piano

domingo, 18 de marzo de 2012

MARINA


Marina cierra los ojos y aspirando el aire se llena del viejo olor que hace años le dejó de envolver.
Como un perfume caro, el olor del lúpulo y la cebada tostada le llega desde lejos haciendo que recobren vida sensaciones olvidadas.
Un calidoscopio de aromas resucita su niñez; puede ver la fábrica de cervezas que, como una mole, se eleva ocultando la explanada de hierba que hay detrás dando sombra a una docena de hamacas, multicolor, que refugia a los vecinos de un duro día de trabajo.
Las madres tejen labores interminables bajo la luz de los faroles mientras con sus charlas, acompañan las muecas que los hombres intercambian en sus juegos de cartas.
La noche va cayendo lentamente y los serenos no tardarán en llegar , la cacharrería ya ha puesto su cartel de cerrado, la señorita Elda puso el letrero de " farmacia de guardia " y en la lechería las vacas han dejado de mugir, ya duermen tranquilas.
El aire está lleno de olor a guisos, pan recién hecho y leche ordeñada; caballos sin jinetes pasan dejando entre sus patas excrementos que la obligan a taparse la nariz en un gesto involuntario, mientras que corre, jugando, con los niños al " que te pillo ".
Recuerda aquel balcón desde donde su abuela, con el delantal tapizado de un sin fin de aromas caseros, la llama para que suba a cenar augurando una riquísima tortilla y un delicioso arroz con leche.
Llena de nostalgia vuelve a sentir el olor de su casa, ese olor a lejía, a carbón de quemar y a ropa planchada y no quiere abrir los ojos, porque aunque nunca le gusto la cerveza, el olor del lúpulo y la cebada tostada, como una gran esponja la empapan del entrañable e inolvidable olor de su madre.

sábado, 17 de marzo de 2012

TANIA

Con las piernas adormecidas por el calor y los calcetines casi chamuscados por el brasero, las faldas de la mesa camilla abrigan a Tania la gitana.
Nubes de
incienso hacen inútil la bola de cristal, que aburrida, se ha empañado; decenas de santos salpican las paredes del carromato y las cintas de colores que de ellas cuelgan hacen de su hogar un cálido refugio.
Tania la gitana no tiene ni un solo recuerdo que no fuera mirando la bola o echando las cartas, ya de niña ha
cía bailar sus rizos al compás de las castañuelas y sus menudos piececitos taconeaban marcando el ritmo de las palmas.
Como
cada tarde a las 5, desde hace unos mese, escucha absorta su vida a través de la radio, algún cliente anónimo ha hecho de ella una novela, ni siquiera ha cambiado su nombre. No comprende el por qué ni para qué. Su vida, aunque viajera, la cree insignificante , aburrida y este sentimiento, sin que ella pueda evitarlo, también vuela por la radio.
Mientras tanto, a muchos kilómetros de distancia Marinita escucha con devoción su historia; con cada puntada de vainica sueña con ser mayor, y juega a ello. Su muñeca de trapo está vestida con falda larga y toquilla, la lana que cubre su cabeza está llena de bucles que se ha entretenido en rizar, y se los fijó muy bien con el spray de mamá. Ayer, la llevó a la pila y echando agua por su cabeza le puso el nombre de Tania y rezó, y su rezo era una nube de esperanza, " yo tendré una hija y la pondré tu nombre"
A pasado el tiempo y la gitana ya no viaja, ni echa las cartas, ni mira la bola, ni siquiera radian ya su v
ida.
Marina tubo su hija , y la puso Tania de nombre, gitana no la puso pero.. podría parecerlo, es casi igualita que aquella muñeca de trapo a la que Marina rizaba los bucles, y se viste con faldas largas y hasta a veces usa t
oquilla y cuando le pregunta a su madre porqué le puso ese nombre, Marina contesta:
" aquellla Tania la gitana, que se creía insignificante, me acompañó en la adolescencia y en la juventud sembrando en mí el deseo de tenerte, dibujó el escenario de nuestro hogar y de alguna manera quería decirla que nadie pasa por esta vida sin dejar huella, que nadie somos insignificantes porque todos estamos conectados con lazos misteriosos que el destino hila en nuestros corazones.


miércoles, 14 de marzo de 2012

NUNCA ME HABÍA PASADO

Nunca me había pasado, aquel sitio lleno de gente, que olía a gambas a la plancha y a vino derramado, me envolvía en un aturdimiento lógico tras dos vasitos de vermut.
Chistes y conversaciones absurdas llenaban la hora del aperitivo y en casa las lentejas esperaban aburridas una comida que aún tarda
ría en llegar.
Alguien asoma
por la puerta del bar, es un hombre encorbado, vestido de negro y tan doblado estaba que la corbata sujeta con el pantalón debía llegarle hasta su zona noble.
La palidez de su rostro borró en un instante nuestras sonrisas y no se como empezó pero de contar chistes pasamos a discutir sobre la vida, y el con su joroba nos jorobó, nunca mejor dicho, la fiesta. Nos embarcó en conversaciones que no nos llevaban a ningún puerto, aunque a decir verdad, era agradable sentir que los eflubios del alcohol inh
ibía nuestros pensamientos y alargaba nuestra berborrea.
En un instante fatídico para mí y para él, alguien dijo:
_ es que no hay derecho
y yo como buena sagitario, y por tanto hábil en meter la pata dije
_ lo que no hay derecho es un chepa.
Grabados en mi memoria se han quedado los rostros de mis amigos, vacilantes entre la risa y el llanto y por supuesto aquellos ojos penetrantes del hombre de negro al que la corbata parecía haberle ahorcado, y entonces pensé
_ esto nunca me había pasado
pero no es cierto, en otro momento os contaré alguna que otra historia donde el don de la importunidad puso ante mí y por mí caras de asombro.

ESTO NO SE PUEDE CONTAR


Marina remueve el perolo, su mano gira abstraída en pensamientos repetidos mientras las lágrimas hacen crecer el caudal de la sopa.
Sin despedida, sin adiós, unas palas de tierra sepultan el corazón roto de su madre.
_ Quise abrazarte, ver por última vez el verde brillante de tus ojos, besar tus mejillas y acariciarte con dulzura mientras te susurraba al oído que te quiero, pero... ¡ fue todo tan rápido !
Era absurdo hablarle ahora, Marina lo sabe, porque sabe que con el último puñado de arena se acaba todo.
El ring, ring del teléfono la sobresalta y dejando la charla se seca el llanto con el mandil, descuelga el auricular con desgana
_ digame
_ Mar, soy yo
La voz de su madre le llega a través del cable
_ ¿ quién es ? - balbucea aturdida
_Mar soy yo , mamá.
Marina cuelga el teléfono con rapidez, se deja caer sentándose en el suelo, un sin fin de emociones araña su corazón; nadie más la llamó así nunca, solo ella lo hizo desde que era chica.
_ todo esto es absurdo, no ha sucedido.
Pero no puede negarse, no puede ignorar que estas pocas palabras que solo Dios sabe como han podido llegar desde la eternidad, la han llenado del calor conocido de su madre.
Intenta salir del estado de catatonía en que ha caído, pero solo es capaz de murmurar bajito
_ " esto no lo puedo contar "

Seguidores