Chistes y conversaciones absurdas llenaban la hora del aperitivo y en casa las lentejas esperaban aburridas una comida que aún tardaría en llegar.
Alguien asoma por la puerta del bar, es un hombre encorbado, vestido de negro y tan doblado estaba que la corbata sujeta con el pantalón debía llegarle hasta su zona noble.
La palidez de su rostro borró en un instante nuestras sonrisas y no se como empezó pero de contar chistes pasamos a discutir sobre la vida, y el con su joroba nos jorobó, nunca mejor dicho, la fiesta. Nos embarcó en conversaciones que no nos llevaban a ningún puerto, aunque a decir verdad, era agradable sentir que los eflubios del alcohol inhibía nuestros pensamientos y alargaba nuestra berborrea.
En un instante fatídico para mí y para él, alguien dijo:
_ es que no hay derecho
y yo como buena sagitario, y por tanto hábil en meter la pata dije
_ lo que no hay derecho es un chepa.
Grabados en mi memoria se han quedado los rostros de mis amigos, vacilantes entre la risa y el llanto y por supuesto aquellos ojos penetrantes del hombre de negro al que la corbata parecía haberle ahorcado, y entonces pensé
_ esto nunca me había pasado
pero no es cierto, en otro momento os contaré alguna que otra historia donde el don de la importunidad puso ante mí y por mí caras de asombro.
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